miércoles, 10 de junio de 2009

Era una educación sin fronteras y solidaria...



(Olor a pasto mojado y bigotes en los zapatos.)


Olor a pasto mojado por la escarcha que quedaba atrapada en las suelas de nuestros zapatos y nos enfriaba los pies.
Y porque llegábamos a la escuela con barro y pastitos adheridos al lodo pegajoso que formaba un engrudo que nos dificultaba el caminar por las calles de barro y agua y pasto y piedras.
Entonces los chicos que nos esperaban se reían y decían que los zapatos de las maestras tenían bigotes.
Pedagogía del amor.
Pedagogía del corazón con color a tiza latiendo sobre el escritorio y dibujándose en caricias en el pizarrón despintado y siempre a punto de caerse de la pared.
Si es que estaba en la pared porque la mayoría de las veces reposaba sobre dos sillas apoyadas las sillas contra la pared.

Recuerdos que se escapan desde el aula del alma donde habitan y en donde duermen los nombres de aquellos mis alumnos de entonces.
Que crecieron conmigo y que disfrutaron conmigo el inmaterial deseo de compartir lo que la vida nos ponía (a ellos y a mi) al alcance de nuestras vivencias en los encuentros que se daban en el aula.
Mientras trabajé como maestra villera en la escuela de la villa.
(A no dudar los más hermosos momentos de mi vida de maestra)
La Pepa , la que estaba enamorada de Juan...
Niní ,la de las trencitas color maíz...
La que siempre recitaba en las fiestas de la escuela ,la que me ayudaba y ayudaba a las porteras con la jarra y los vasitos de plástico cuando llegaba la hora del mate cocido.
González y Cubas los más altos, los que siempre se ponían en la parte de atrás de la fila y siempre empujaban a los que estaban adelante.
“El grillo” sobrenombre exacto...porque siempre estaba saltando.
Como un grillito.
Decía que necesitaba moverse...

Recuerdos...
De las mujeres aquéllas que venían a la escuela y esperaban a sus niños y ayudaban a la escuela y ayudaban a las maestras.
Las que cortaban con las tijeras sin punta el papel celeste para las fiestas de mayo y armaban escarapelas para las fiestas de Julio.
Las maestras de aquél entonces solíamos reunirnos con las madres de los chicos en la escuela y en las casillas donde vivían todos juntos y apretados.
Porque las maestras de aquél entonces visitábamos a nuestros chicos y escuchábamos a sus madres....
Y aprendíamos de esas madres y aprendíamos de esos chicos.
Aprendíamos de esas mujeres llenas de voluntad y heroísmo.
Había amor en la educación de entonces.
Amor hecho mate que se compartía cuando íbamos a buscar un chico a su casa ...
Casa sin luz, sin agua, sin estufa ,sin televisión ,sin radio.
Pero había ese latido de querer compartir lo nuestro con lo de ellos y era educarse y educarnos.
Era fraternidad en ese entregarnos en una educación sin fronteras.
No había fronteras en ese amor solidario
Era el calor de las agujas de tejer para el bebé de la madre de la Pepa que esperaba para mayo.
Era el calor de la bolsa artesana con tiritas y trencitas modeladas con las manos de las madres de los chicos
Era la alegría de ver crecer los malvones en la lata pintada con los restos de las pinturas llegadas de las donaciones.
Y era el temblor de la voz ensayando los pregones de la negra vendedora pintada con el color de los corchos...
Corchos quemados con velas.
Y era el aplauso sincero de la proeza lograda...
La Pepa que recitaba todo el poema de Mayo.
Y la Madre de la Pepa que lloraba mientras la Pepa repetía su poema (siempre con los ojos cerrados...siempre.)
La despertaba el aplauso y el beso de su madre y mi beso.

Era la escuela de entonces escuela de sentimientos.
De confidencias, secretos, solidaridad y entrega .
En el aula, en el patio, en el descampado, en la cocina apilando vasitos de plástico.
Con mis queridas compañeras de la escuela de la villa.
Que un día de esos días de la vida no volvieron a la escuela.
Como muchos chicos...los más altos.
Como muchos curas...los que traían naranjas.

Era la escuela de entonces...olor a pasto mojado y zapatos con bigotes.
Y confidencias y secretos y solidaridad y entrega.
Y eran mis compañeras.
Maestras que un día de esos días de la vida
DESAPARECIERON.
Por trabajar en las villas.
Y por amar a los niños

Y por ayudar a los curas.

Y por hacer de la escuela....escuela de sentimientos.



Olor a pasto mojado y bigotes en los zapatos

Era la escuela de entonces

En mis recuerdos.

Y en mi MEMORIA






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